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martes, 6 de julio de 2021

MIJINAS DE PAZ



Volvemos al trajín diario. Carreras, trenes que llegan o no, alternativas para ir al trabajo, prisas, compras y más compras, atascos, ríos de gente, reloj, reloj, reloj, … A veces nos sentimos atropellados por el tiempo, o más bien por la falta de tiempo del que decimos adolecer.

Como una necesidad perentoria, trato de contrarrestar esa vorágine diaria con los rincones de paz que nos ofrece la vida y que en no pocas ocasiones ni somos conscientes de que los tenemos, ni somos capaces de apreciarlos por muy cercanos a nosotros que los tengamos. Al respecto, a menudo me vienen a la mente las a mi juicio muy sabias palabras del cantante Manolo García cuando en su deliciosa “Serena Barca” (2004, Para que no se duerman mis sentidos) dice aquello de “Y Patria, ese lugar donde el espíritu apacenta …“

Pues bien, para mí esa Patria es Yolanda, mi mujer. En ella mora mi espíritu, tranquilo y sereno, en paz, feliz y satisfecho de la vida y de cuanto juntos hemos recorrido, que no es poco después de más de treinta y dos años compartiendo amor, vida, sueños, alegrías y también sinsabores. Y es en su compañía cuando el mundo se me abre alrededor en todo su esplendor para disfrutarlo, con toda su vitalidad. Un mundo que no pretendo estridente, sino tranquilo y sosegado, de ritmos pausados que nos permitan contemplar y saborear el tiempo, la vida, lo maravilloso de cuanto nos rodea.

Y ese mundo lo podemos encontrar en cualquier rincón, en un momento cualquiera, en las cosas más sencillas. Ya sea paseando por las veredas y campos peraleos junto a casa, por las vertiginosas gargantas e imponentes panorámicas del pirenaico valle de Isábena, o contemplando el ajetreado ir y venir de cigüeñas y grullas durante su paso migratorio por las dehesas arañuelas. O deleitándonos del majestuoso vuelo de buitres y águilas dibujando los cielos de Monfragüe, o refrescándonos en las aguas alegres de los ríos de los Ibores, Gredos o los Pirineos. O viendo el reposado pacer de ovejas, vacas y caballos, que sin prisa alguna van dando cuenta de sus forrajes y pastos. O sencillamente embobados viendo a los gorriones dar de comer a sus polluelos.

Pero de entre tantos instantes imborrables, hay uno que sublima al resto, que es cuando bajo una encina Yolanda y yo compartimos un tranco de pan y chorizo. Y yo me declaro feliz, radicalmente feliz, mientras aparecen ante nosotros esas sencillas y modestas mijinas de paz.

Joanca, a 17-6-2021

lunes, 10 de mayo de 2021

SILENCIO, POR FAVOR



¡Silencio, por favor! Podría tratarse del toque de atención del regidor antes del consabido “Atentos, cámara, acción” de un rodaje cualquiera. Pero no, en mi caso estas palabras me surgen en la mente ante otra necesidad. A mí, en estos momentos de la vida me sugiere que deberíamos parar máquinas, frenar este ruido infernal en el que nos encontramos inmersos como sociedad. Un ruido ensordecedor que todo lo pervierte y todo lo sobredimensiona. Un ruido que resulta dañino individual y colectivamente.

¡Silencio, por favor! me reclama el ánimo. Quiero escuchar el silencio. Necesito escuchar el silencio. Necesitamos escuchar y escucharnos. Y para ello, el silencio es nuestro aliado.

¡Silencio, por favor! Basta ya de ese ruido aterrador que se cuela sin reparos por unas redes sociales cargadas de exabruptos, inquinas y muy mala leche. Basta ya del escandaloso ruido en las ciudades. Reconstruyamos de manera preventiva unos núcleos urbanos medioambientalmente sostenibles antes de que recuperen de nuevo su apogeo anterior a la pandemia, para que no se vuelvan a convertir en urbes cargadas de decibelios hasta la extenuación sonora. Basta ya de ruido y pocas nueces de una inmensa mayoría de nuestros políticos. Que callen, por favor, y que escuchen al oponente, que no debe ser enemigo, sino contrario. Que dejen de gritarse, descalificarse e insultarse (e insultarnos con su comportamiento a nosotros, sus representados) y empiecen a hablar, de manera pausada, constructiva, propositiva y respetuosa con la labor que les hemos encomendado el conjunto de la ciudadanía. Basta ya del nocivo ruido mediático de aquellos medios de comunicación que basan su razón de ser en el escándalo, la falacia y la falta de la más mínima ética y rigor informativo.

Basta ya de individualismo y de no pensar más allá de uno mismo, sólo escuchándonos a nosotros mismos, sin importarnos lo más mínimo la colectividad. Basta ya del doloroso ruido de los codazos egoístas que crecen por doquier con el único objetivo de quitar a unos para ponerse otros. Basta ya del ruido hiriente de la indiferencia, la ineptitud y la insolidaridad hacia los más débiles que nos deparan las cada vez más graves diferencias sociales.

Todo esto me provoca una necesidad imperiosa de pedir silencio, por favor. Que pare el ruido. Para poder escuchar el silencio. Para poder escuchar la vida, que con tanto ruido nos la estamos perdiendo. Quiero dejar de hablar sin parar para poder escuchar, y así aprender.

Quiero escuchar el mundo, que está lleno de maravillosos sonidos y de sugerentes silencios. Quiero escuchar al día amanecer, el susurrar del viento, el trinar de los pájaros, el crotorar de las cigüeñas y el vivo discurrir de las aguas por su lecho fluvial, o el cálido crepitar de la leña en las tardes frías de invierno. Quiero escuchar el ocaso de la tarde y el trajín de las estrellas mientras cubren la noche con su brillante presencia.

Y sobre todo, quiero tener silencio para poder escuchar sin prisas a mi mujer, Yolanda, y junto a ella, todo nuestro amor y el paso del tiempo. Un tiempo pleno en el que la falta de ruido serena el ánimo y el silencio más intenso llena los sentidos de paz.

                                                                    

                                                                                        Juan Carlos Moreno, a 7 de mayo de 2021

viernes, 28 de agosto de 2020

SANIDAD, INVESTIGACIÓN Y FORMACIÓN, UN TRINOMIO ESENCIAL PARA NUESTRO BIENESTAR

EL COVID-19 NOS RECUERDA EL PAPEL FUNDAMENTAL DE NAVALMORAL EN LA ERRADICACIÓN DE LA PANDEMIA PALÚDICA EN ESPAÑA


En la actual situación de especial gravedad a nivel mundial como consecuencia de la pandemia del Covid-19, con importante afectación también en Navalmoral y comarca, hemos descubierto que somos más vulnerables de lo que nos creíamos. Que las cosas no vienen dadas porque sí y que el bienestar de nuestras vidas se ha forjado con el esfuerzo de mucha gente a lo largo de los años en luchas por incrementar nuestros derechos y libertades. Pero también y de manera muy determinante gracias a la dedicación, entrega y tesón de numerosos científicos, investigadores, médicos y personal sanitario y auxiliar, que a lo largo de los tiempo han ido mejorando de manera significativa las condiciones de salud de nuestra sociedad, dotándonos de más adecuadas herramientas para afrontar enfermedades y ganar en calidad de vida. Una labor de la que, lamentablemente, solemos acordarnos sólo cuando nos duele algo.

Recomendaciones a la ciudadanía del Instituto Nacional
Antipalúdico. (Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Ahora que las conversaciones a pie de calle transmutaron del fútbol o la política a la epidemiología; que cambiamos nuestra atención de las estrellas del deporte, la música o la pantalla hacia nuestros excelentes científicos -incluso algunos convertidos en virales de las redes sociales (quién no ha oído hablar por ejemplo de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, cosa harto impensable hace tan sólo unos meses); ahora que se ha hablado extensamente de la Sanidad Pública, la Investigación y la Educación, y de su futuro, y que ha quedado meridianamente claro que se precisa de una decidida apuesta por éstas, tanto en recursos como en amparo, supervisión y titularidad públicas, vamos a ver si se traduce en realidades y no nos olvidamos de todo ello a la que empecemos a girar de nuevo a todo trapo.

El caso es que de estas circunstancias Navalmoral sabe mucho -o debería, por experiencia-, ya que no en vano estuvo en primera línea de uno de los hitos de la salud pública nacional más importantes del siglo XX, como fue la erradicación del paludismo en España, una pandemia endémica arrastrada durante siglos y cuya lucha tuvo en Navalmoral y comarca uno de sus grandes referentes, no solo a nivel nacional sino internacionalmente.

De Izq. a Der.: Rafaela, Josefa, Paquita (ATS) y Felicidad.                       
(Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Haciendo un simple paralelismo -aún con muchos matices- entre lo que nos está tocando sobrellevar hoy día y lo vivido en las comarcas del valle del Tiétar durante la primera mitad del siglo pasado, quizá seamos capaces de valorar en mejor medida a aquel esforzado grupo de científicos, investigadores, médicos y sanitarios, que junto a sus colaboradores y ayudantes, y bajo la dirección del Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral, trabajaron durante décadas con perseverancia hasta alcanzar la erradicación del paludismo en nuestro país.

Precisamente, este 26 de agosto (2020) se han cumplido 100 años de la constitución de la Comisión para el Saneamiento de las Comarcas Palúdicas; hecho que se puede considerar el inicio oficial de la lucha para la erradicación del paludismo en España.

A partir de la creación del primer dispensario y del experimento fundacional llevado a cabo en Talayuela en 1920 -que recogía los importantísimos trabajos y estudios previos realizados en la zona desde principios de siglo- y especialmente tras la creación del Instituto Nacional Antipalúdico en 1925, Navalmoral fue hasta bien entrados los años 60 del siglo pasado punto clave y referente internacional de investigación y formación científica y médica en la lucha contra una enfermedad que había castigado de manera lacerante a tantas regiones españolas durante siglos y que aún en la actualidad sigue matando a cientos de miles personas en el mundo cada año.

Muestra de ello es que en 1943 todavía se notificaron en el país cerca de medio millón de enfermos, mientras que en 1955 fueron 500 casos y en 1961 se registró el último caso de paludismo autóctono en España. La erradicación certificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se alcanzó en 1965.

Como ha quedado patente con la irrupción de la pandemia del Covid-19, sanidad, investigación y formación constituyen un trinomio esencial para el desarrollo del bienestar de nuestra sociedad. La arquitectura médica, científica y educativa que se construyó en Navalmoral y su área de influencia en torno al Instituto Nacional Antipalúdico fueron un claro ejemplo de esa importancia y trascendencia.

Sin embargo, y de manera incomprensible, aquella gesta cayó prácticamente en el olvido durante las décadas posteriores, tanto por el desmantelamiento del Instituto Nacional Antipalúdico, como por el ostracismo al que le sometieron las autoridades del momento. De hecho, de todo el patrimonio material e inmaterial que nos legó a Navalmoral y comarca, más bien poco queda. El paso del tiempo, una memoria perezosa y unas instituciones en su día cuanto menos poco preocupadas por su pasado y su patrimonio resultaron un cóctel letal.

A pesar de la profunda marca que dejó entre la población, desde su cierre en 1964 hasta finales de siglo poco o casi nada se hizo para mantener su memoria, ni respecto del Instituto Nacional Antipalúdico, ni sobre la ardua tarea llevada a cabo por médicos, científicos, investigadores y personal asistencial, muchos de ellos vecinos de Navalmoral o de las poblaciones vecinas.

    (Foto cedida por familia Lozano Olivares).                                                 
Ya a finales de siglo, el Dr. Álvaro Lozano Olivares, eminente epidemiólogo y científico, miembro del equipo de la OMS para la erradicación de la polio, e hijo del que fuera parte decisiva en la erradicación de la pandemia en nuestro país y director del Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral (desde 1939 hasta su fallecimiento en 1960), a su regreso a la ciudad morala trabajó por recuperar y poner en valor la memoria de la lucha antipalúdica. Así, tras unas primeras participaciones en las ediciones de 1995 y 1997 de los Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo y en estrecha colaboración con la División Editorial de PubliSher, en 1998 publicamos el libro biográfico sobre su padre "Vida y Obra del Dr. Álvaro Lozano Morales. La aportación de un extremeño en la lucha y erradicación del Paludismo", un impresionante documento humano, divulgativo e histórico cuyo interés fue reconocido por parte del mundo científico. Con posterioridad, apenas algunas reivindicaciones individuales y la dedicatoria de la edición de 2002 de los Coloquios a la lucha antipalúdica; hasta que en 2015 pusimos en marcha la Iniciativa del Retiro de Carlos V al fin del paludismo en Extremadura.

(Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Inspirados en el referido libro sobre los años centrales del Instituto Antipalúdico, la Iniciativa surgió gracias al inestimable apoyo y asesoramiento del Dr. Jesús Lozano Olivares (especialista en Microbiología, Medicina Preventiva y Salud Pública y experto formador médico, a la sazón hijo y hermano de los Álvaro Lozano antes citados) y a la conjunción inicial con los intereses del empresario de actividades rurales de Losar de la Vera Carlos Antón, a través de Conyegar. El objetivo era la puesta en valor de aquel ingente patrimonio material y, sobre todo, inmaterial, con capitalidad en Navalmoral de la Mata y con dos extensiones destacadas como son el Monasterio de Yuste (donde Carlos V contrajo el paludismo, enfermedad que le causó la muerte) y el Dispensario de El Robledo, como centro asistencial de campo, triangulando un área de especial interés científico, educativo, cultural e histórico.

A pesar de la buena acogida recibida por cuantos organismos e instituciones les presentamos el proyecto (entre otros, Instituto de Salud Global de Barcelona, Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, la farmacéutica GlaxoSmithKline, asociaciones para el desarrollo de las comarcas de La Vera (ADICOVER) y del Campo Arañuelo (ARJABOR), ayuntamientos de Losar de la Vera, Jarandilla y Navalmoral de la Mata, o Fundación Cultural Concha), en honor a la verdad debo decir que los resultados obtenidos han sido realmente escasos.

Aún y así, de aquel esfuerzo e ilusiones surgió el curso "Europa ante los desafíos globales de la Cooperación al Desarrollo. Erradicación y prevención de enfermedades endémicas: Malaria" celebrado dentro del Campus Yuste 2017, y que organizado por la Fundación Yuste en colaboración con la Universidad de Extremadura y la Iniciativa entre otros, resultó un rotundo éxito.

También fruto en buena parte de aquella idea inicial y gracias a la visión del gerente de Adicover, Quintín Correas, se fraguó la adecuación del dispensario de El Robledo como Centro de Interpretación del Paludismo, lo que permitió a Losar de la Vera incorporarse a los Itinerarios Culturales Europeos de Carlos V.

Y en los últimos tiempos, una placa conmemorativa frente al Palacio de Justicia (antiguo Instituto Antipalúdico) y un tímido anuncio (aunque bienvenido) de una exposición temporal en Navalmoral, con fecha por determinar.

En lo particular, aunque mi objetivo siempre ha sido el de avanzar mucho más en el desarrollo de estos proyectos, convencido como estoy que de trata de un elemento diferenciador de amplio recorrido, doy por bien empleados tiempo, ilusiones y esfuerzos. Y aunque me gustaría poder estar hablando hoy día de otra realidad muy distinta, sí me doy por satisfecho con al menos haber conseguido repescar aquel episodio extraordinario de la historia de nuestra ciudad.

Pero nuestra tierra y nuestras gentes merecen más. Navalmoral de la Mata cuenta con la historia, el prestigio, la capacidad e incluso el deber, no solo de rendir un merecido reconocimiento a todas aquellas personas que dedicaron buena parte de sus vidas -y en muchos casos de su salud- al servicio de la colectividad para atajar una terrible pandemia que cercenó la salud, economía y desarrollo de los municipios y habitantes del valle del Tiétar durante siglos, sino de aprovechar ese valiosísimo poso para impulsar un polo de divulgación histórica y conocimiento científico diferenciador e identificador de las capacidades de Navalmoral y los moralos, con especial atención a la formación y la investigación. El primer centenario del inicio de la lucha oficial contra el paludismo en España hubiese sido una gran excusa para haberle dado la visibilidad que le corresponde.

Curso de formación de 1943 en el Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral (Foto cedida por familia Lozano Olivares).

Volviendo a la actualidad, durante estos últimos meses se ha destacado en múltiples ocasiones el trascendental e imprescindible papel que sanitarios, médicos y científicos están teniendo en la lucha contra el Covid-19, así como el de aquellos sectores que hemos descubierto esenciales para nuestro cuidado y abastecimiento, entre los que incluimos a las fuerzas y cuerpos de seguridad, alimentación, limpieza y asistencia social. Esperemos que no se nos olvide tan pronto como me temo que nos pasará, a la vista de no pocas actitudes insolidarias, incívicas y de un absurdo egocentrismo.

Con la mirada presente de los esfuerzos titánicos que se están haciendo tanto social como científicamente para vencer la enfermedad del Covid-19, quizá contemplemos y valoremos mejor la gesta alcanzada por aquel entonces.

Juan Carlos Moreno, 28-08-2020

Nota del autor: Este artículo ha sido publicado previamente y de forma extractada bajo el título "Centenario antipalúdico" en la edición impresa del diario HOY Navalmoral correspondiente al mes de Agosto 2020, así como el hiperlocal digital HOY Navalmoral de 26-08-2020, al que podéis acceder mediante el siguiente enlace: "Centenario antipalúdico".











sábado, 11 de noviembre de 2017

A MIGUEL LOZANO

Verano de 2013. Cae la noche sobre Belvís. En los cercanos cerros, la silueta del otrora todopoderoso castillo se desvanece en la oscuridad. A escasos kilómetros de la fortaleza, en la llanura de Los Pinos, compartimos con nuestros amigos y anfitriones una exquisita barbacoa con la que nos han deleitado para celebrar nuestra presencia. 

Al rato, la profunda y purpúrea puesta de sol de estos lares llega a su fin y deja paso a la negra noche. Y entonces se obra ante mí una escena que no olvidaré nunca. Una vez hemos dado buena cuenta de los manjares con los que nos han agasajado, nuestros anfitriones se levantan de la mesa y sin interferir en la animada charla que mantenemos con Sílvia y demás invitados, de manera sencilla y discreta se dirigen hacia los sauces y pinos que cuidan con esmero a escasos metros de la casa. Allí, bajo la infinita cúpula de estrellas, Angelita se sienta sobre la hamaca tendida entre dos de sus troncos y en reposada calma se deja balancear por él, su compañero vital. Y Miguel, con la ancestral serenidad de los años vividos y la dulzura que sólo el amor más profundo puede dar, mece suave con sus trabajadas manos a la mujer con la que ha compartido su corazón. 

A unos metros de allí, ajeno a la conversación que manteníamos en torno a la mesa bajo el porche de la casa, me quedé abstraído contemplando aquel momento de absoluta armonía que sin quererlo nos regalaron para siempre Miguel y Angelita. Y pensé sin dudarlo: "Eso es vivir en paz; eso es lo que quiero yo para nosotros, eso es lo que quiero regalar a Yolanda, ese remanso de paz y serenidad". 

Han pasado unos cuantos años ya de aquella noche tan especial y sigo recordándola con la misma intensidad. Y lo digo sin sonrojo. Esa fue la gran lección que me dejó mi amigo Miguel Lozano. Una magnífica persona a la que en casa siempre hemos añorado en la distancia y de la que nos duele en la más profundo su reciente ausencia.

Nunca le conocí en su faceta profesional ni en la social, sólo le conocí en su faceta personal y familiar, que es con la que me quedo y la que me interesa. Persona sencilla, amable y desprendida, Miguel (y Angelita) siempre nos abrieron su casa y su amistad. Nunca buscó nada a cambio. Se sintió bien con nuestra compañía y nosotros con su hospitalidad. En su piso de la Avenida de San Isidro primero, pero sobre todo en la parcela de Los Pinos, compartimos no pocas veladas charlando de todo y de nada, al relente bajo el porche en las frescas noches de verano, o al calor de la lumbre en la bien alimentada chimenea del interior durante las largas tardes de invierno.

Otra cosa no puedo hacer para paliar su pérdida; lo único que se me ocurre es compartir con todos cuantos formamos parte del mundo de Miguel (contigo Angelita, con vosotras Sílvia y Elsa, con todos y todas sus familiares y amigos y amigas, y contigo Yola) este sentimiento, esta lección, este ejemplo de vida que nos dejó en herencia.

Allá donde estés, aquí se te encuentra a faltar Miguel.

Juan Carlos Moreno, 11-11-2017.



jueves, 17 de agosto de 2017

EL INSTITUTO NACIONAL ANTIPALÚDICO Y ÁLVARO LOZANO, REFERENTES PARA LA COMUNIDAD CIENTÍFICA


Comparto mi nueva entrega en el diario HOY Navalmoral, dedicada al curso sobre Cooperación y Malaria celebrado en el Campus Yuste, el pasado mes de julio. Publicado en Edición Impresa de agosto 2017 y en la edición Digital de HOY Navalmoral el 16 de agosto de 2017.


http://navalmoral.hoy.es/noticias/201708/16/instituto-nacional-antipaludico-alvaro-20170816215628.html


Ponentes, alumnos y organizadores del curso Cooperación y Malaria. Foto cedida por Fundación Yuste.

miércoles, 28 de junio de 2017

INTELIGENCIA Y CALIDAD HUMANA

UNA EXPERIENCIA EN TORNO A LA ORGANIZACIÓN DEL CURSO SOBRE MALARIA Y COOPERACIÓN DEL CAMPUS DE VERANO DE YUSTE 2017
 
UNA IDEA HECHA REALIDAD...
 
Han pasado 8 meses, cerca de 200 correos electrónicos cruzados entre casi una treintena de personas y cientos de horas de trabajo, desde que una tarde de octubre de 2016 tuve el auténtico placer de intercambiar una interesantísima primera conversación con el entonces nuevo director de la Fundación Academia Europea de Yuste, casualidades de la vida mi tocayo Juan Carlos Moreno Piñero.
 
Fue telefónicamente, él en su despacho en el Monasterio de Yuste, yo paseando por la calle Italia de El Masnou, en Barcelona. Mi intención era ponerle en conocimiento de la idea en la que estaba trabajando desde hacía meses y que ha fructificado en mi actual Iniciativa del Retiro de Carlos V al fin del Paludismo en Extremadura. De nuestra conversación y de aquel intercambio de pareceres surgió una inquietud por su parte, que enseguida se torno en propuesta, en reto y en proyecto: realizar un curso de carácter científico dentro del Campus Yuste de 2017.
 
La apuesta no era fácil, pero nos pusimos en marcha rápidamente y enseguida encontramos los apoyos puntales para poder convertir en realidad esta apuesta con seriedad, rigor y toda solvencia. En este sentido he de decir que tanto el Dr. Jesús Lozano Olivares como el Dr. Quique Bassat Orellana, me lo pusieron muy fácil y de inmediato se pusieron a disposición de manera desinteresada para ayudarnos a configurar un programa atrayente y de calidad. Y a fuer de ser sinceros, que así ha sido.
 
A partir de ahí, su capacidad, conocimiento y autoridad en la materia, permitieron ir incorporando a la organización del curso y al programa a especialistas, científicos y profesores, expertos todos ellos en investigación científica, malaria y cooperación en Salud Pública, hasta convertir en una brillante realidad el curso "Europa ante los desafíos globales de la Cooperación al Desarrollo. Erradicación y prevención de enfermedades endémicas: Malaria; que se celebrará los días 5 a 7 de julio de 2017 en el Real Monasterio de Yuste.
 
INTELIGENCIA Y CALIDAD HUMANA...
 
 
Ese fue el arranque y el resultado. Pero al margen del mucho trabajo, de búsquedas, contactos, borradores, cambios, correos, dudas y soluciones, con lo que me quedo de la organización de este curso, es con el incomparable aprendizaje adquirido al compartir objetivos, ilusiones y esfuerzo con un grupo de personas de elevada inteligencia, sencillez abrumadora y una calidad humana excepcional, dedicada a hacer el bien por el mundo.
 
Para mi es un auténtico orgullo haber podido compartir amistad y complicidades generadas durante todos estos meses, con los componentes del equipo organizador, desde de mi buen amigo Jesús Lozano a mi admirado Quique Bassat, pasando por la ejemplaridad, implicación y cercanía de Marieta Iradier, María Teresa Blanco y Miguel Ángel Martín. También la de otras personas que han formado parte del entramado que ha permitido configurar el programa de este novedoso curso del Campus, como Noemí Bahamontes, Ascensión Ciruelos, Rosa de la Torre, Laura Sanz-Alonso, Rafael Calero o Ciro López. Y capítulo aparte merece mi amiga y colega Nuria Verdiguier, quien desde un segundo plano siempre ha estado ahí, dando todo el apoyo, colaboración y más para que todo saliera perfecto.
 
A todos ellos mi gratitud pública.
 
 
 
Juan Carlos Moreno, a 28-06-2017
 


jueves, 15 de junio de 2017

EL PROGRAMA DEL CURSO SOBRE MALARIA, AL COMPLETO

El programa completo sobre el curso dedicado a estudiar el pasado, presente y futuro de la malaria, ya se encuentra disponible en la web de la Fundación Academia Europea de Yuste.

Promovido por la Fundación Academia Europea de Yuste y la Iniciativa Del Retiro de Carlos V al fin del paludismo en Extremadura, el curso contará con científicos, profesores y expertos en Cooperación y Salud Pública y se celebrará del 5 al 7 de julio próximos dentro del Campus Yuste (Monasterio de Yuste)

viernes, 9 de junio de 2017

EL PASADO, PRESENTE Y FUTURO DE LA MALARIA, A ESTUDIO EN EL CAMPUS YUSTE

SE ANALIZARÁ EL PAPEL FUNDAMENTAL QUE TUVO EL INSTITUTO NACIONAL ANTIPALÚDICO DE NAVALMORAL EN LA ERRADICACIÓN DEL PALUDISMO ESPAÑA



Nacido de una apuesta de colaboración entre la Fundación Academia Europea de Yuste y la Iniciativa Del Retiro de Carlos V al fin del Paludismo en Extremadura, el curso abordará los retos de la prevención y la Cooperación Internacional en la Salud en la lucha contra las enfermedades endémicas, como es el caso de la malaria, que sigue causando miles de muertes cada año en el mundo.

El curso se enmarca dentro del Campus Yuste de verano de la Fundación Academia Europea de Yuste y tendrá lugar del 5 al 7 de julio. Ya está abierto el plazo de inscripción.

http://www.fundacionyuste.org/europa-ante-los-desafios-globales-de-la-cooperacion-al-desarrollo-erradicacion-y-prevencion-de-enfermedades-endemicas-malaria/

domingo, 14 de mayo de 2017

UNAS HORAS EN EL PUEBLO

Parque Municipal Casto Lozano (foto: Juan Carlos Moreno)






Sentirme en casa. Esa es la sensación que me quedó tras pasar unas horas (sí, apenas unas horas) de nuevo en Navalmoral de la Mata.

Fue hace unos pocos días. Una visita rápida para gestionar unos asuntos, ida y vuelta en el mismo día. Pero tuve tiempo suficiente para reencontrar viejos amigos y conocidos; para recrearme en ese ambiente de la ciudad morala que me imbuye una apaciguadora sensación de pertenencia, de sentirme en casa. Una sensación que me activa el ánimo.

Nada más bajar del autobús, lo primero que hice fue salir de los andenes, cruzar el paseo de la estación y adentrarme en el Parque Municipal Casto Lozano. En silencio, roto estruendosamente por los centenares de pajarillos que anunciaban el inminente alba, pasee calmadamente por sus callejas de una tierra empapada por los últimos chubascos recién caídos, pensando en Yolanda, mi mujer, y lo mucho que le habría gustado compartir estas sensaciones conmigo, morala por los cuatro costados ella que se siente. Ella tuvo que quedarse trabajando en Barcelona, aunque su ánimo me acompañó en todo momento. 

Cuántos y cuántos días habríamos llegado a pasear por aquel parque, llevando a jugar a nuestros hijos cuando eran pequeños, dando vueltas al mismo a la carrera, compartiendo espacio con los pequeños atletas entrenados por Víctor, en lo que fuera el embrión del club de Atletismo de Navalmoral; disfrutando del relente durante las noches de verano, o sentados en alguno de sus bancos, viendo pasar la tarde acurrucados en nosotros mismos. Fueron instantes de recuerdos muy agradables y de nostalgia, pero también de una gran serenidad.

Levantó el día y Navalmoral empezó a despertar, y con ella una jornada intensa y llena de emociones. Tras gozar de la siempre dispuesta hospitalidad de mis buenos amigos Miguel Ángel y Sole, inesperadamente y fuera de guión me topé con Jose y Javi, mis payasos favoritos. Hacía pocos meses que no nos veíamos, ya que habíamos acudido a su actuación en Cornellà (Barcelona) dentro del Festival Internacional del Circo. El alegrón fue tremendo. Y los recuerdos me llevaron a aquellos años en que ambos eran guía para nuestros hijos durante los primeros campamentos urbanos de verano de Navalmoral. También me trajeron a la memoria al Pirata Malapata, los pinitos de Asaco en Canal 25TV, nuestra televisión local, cuando tuve la ocasión de dirigirla. 

Al ser viernes y a pesar de los intermitentes chaparrones, me acerqué al colegio Campo Arañuelo, primera escuela de mis hijos y pasee por el mercadillo, en busca de José Luis y Silvia, aunque sin fortuna en este caso.

Después me pasé a saludar a varios viejos compañeros, cuya amistad forjamos durante los seis años en que compartimos lugar de trabajo. La emoción sobrevino al reencontrarme con Sara, con quien había pasado cientos de interminables horas, de las que quedó una inquebrantable amistad. Aunque habíamos hablado por teléfono en alguna ocasión, hacía años, muchos años, que no nos habíamos vuelto a ver. Pero Sara sigue igual, como siempre. 

De esas horas me llevo en el corazón el buen rato que pasé con Toñi y con Jandro (todo un hombre ya; le recordaba de mozuelo) repasando aquellos años en que coincidimos en la casa y poniéndonos al día; pero sobre todo hablando de Navalmoral, de ese sentimiento de arraigo que nos une. Y con Raquel, una afable mujer ya muy distinta a aquella niña que conocí cuando compartíamos buenos ratos con su madre y sus tíos. Y el sincero abrazo de Manolo, con quien compartí años atrás también un buen montón de situaciones. Y de nuevo, esa sensación de encontrarme en casa.

Satisfecho y emocionado por los reencuentros, antes de concluir mi rápida y breve visita a Navalmoral todavía me quedó tiempo para visitar a Higinio, disfrutar con las bravas, magro y un poco de morro del Manzano, y pasar por la Charcutería Extremeña de Sagrario para cargar con un quesito de pimentón, un manjar que le encanta a mi Yolanda y que estaba destinado a ser deleitado nada más llegar a Barcelona.

Fueron horas de intensa emoción las que viví y que por siempre llevaré ya en mi memoria. Fueran horas en las que pude confirmar de nuevo que Navalmoral es nuestra casa.

Juan Carlos Moreno, 14-5-2017



viernes, 3 de febrero de 2017

EN MEMORIA DE ÁLVARO LOZANO OLIVARES

Fue un artículo que me quedó por escribir, en el saco de las deudas pendientes, durante años. Demasiados.

Coincidiendo con el décimo octavo aniversario de la edición del libro sobre su padre, me armé de valor y emprendí la resolución de esa falta.

El resultado quedó reflejado en las ediciones impresa y digital del hiperlocal del diario regional HOY en Navalmoral correspondiente al mes de noviembre de 2016, que tengo el placer de compartir con vosotros a través de mi blog.








viernes, 15 de enero de 2016

EL PLACER DE LAS COSAS SENCILLAS

Una mesa y un banco de piedra en una tranquila porción de tierra extremeña. Bajo un almendro, mi amada esposa descubriéndome los secretos de su preciado fruto. No existe el paso del tiempo, el reloj queda relegado por una sensación de serena plenitud...

En no pocas ocasiones las cosas sencillas son las que nos aportan las más grandes satisfacciones. Estoy convencido de que los episodios dulces de la vida pocas veces tienen que ver con la opulencia y la sofisticación; más bien al contrario. También creo que cuando uno vive feliz como me siento yo, es bien fácil hallar aquellos pequeños momentos de sintonía con el mundo que te hacen sentir tan bien.

Corría mediados de agosto del pasado verano de 2015. Regresaba con Yolanda de visitar Guadalupe. Remontábamos las cuestas de la carretera que nos devolverían al valle del Ibor, que ya habíamos recorrido horas antes camino de la puebla. Al llegar al collado que separa las sierras de Guadalupe y de Altamira, nos detuvimos en la zona acondicionada como aparcamiento para cuantos visitantes desean disfrutar de las magníficas panorámicas que ofrece el lugar. Hacia el sur, casi a vista de pájaro, la puebla y los llanos hacia el sureste siguiendo el arroyo Guadalupejo y a poniente, las frondosas laderas y cimas de las Villuercas. Nosotros no fuimos menos que tantos otros y nuestros ojos se llenaron de tan gratificante espectáculo de la naturaleza.

Por un breve camino que parte del margen izquierdo de la carretera (al Este) en el mismo collado, se accede al Humilladero (una pequeña ermita de estilo mudéjar, también denominada de la Santa Cruz, que allí se ubica desde el S.XV). En su entorno, existe una sencilla pero acertada zona de recreo. Era el lugar adecuado para nuestro almuerzo, compuesto de uno de nuestros espectaculares bocatas, chips, aceitunas y unas galletitas de chocolate. Así que nos pusimos manos a la obra.

Cuando hubimos dado ya buena cuenta de nuestro ágape, Yolanda se puso de pies sobre la bancada, alzó el brazo y tras unos breves escarceos volvió a sentarse sonriente, soltando un puñado de frutos sobre la mesa.

Para este pueblerino urbanita resultó toda una sorpresa cuando cogió una piedra, chascó la cáscara, peló el fruto y me obsequió con la almendra más rica jamás saboreada. Fue todo un descubrimiento para mi, no tengo reparos en decirlo; así como un gozo ver como disfrutaba mi mujer rememorando sus años de infancia a golpe de cascar almendras. Su sereno gesto de placidez, de dulce calma enraizada en esa tierra que tanto amamos, me transformaron el espíritu y ambos compartimos uno de aquellos episodios llenos de sencillez pero que te deparan sensaciones de auténtica paz.

Juan Carlos Moreno, 15-1-2016




miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA MOVIDA MORALA

En la radio de mi tocadiscos suena Sweet Home Alabama, el tema mítico creado en 1974 por la banda rockera estadounidense Lynyrd Skynyrd... y como cada vez que la escucho, mi mente se transporta como un acto reflejo hasta un pequeño local, de paredes escarchadas de ocre, bancos de tronco de madera oscura curada y barnizada, y tocones de grueso árbol a modo de mesas, aderezado todo con detalles trivales y una diana electrónica presidiendo la pared del fondo. Al lateral, una larga barra tras la que siempre atento y displicente Juan Pedro atiende a la clientela con esmero y un buen hacer aplomado por los ya más de veinticinco años de servicio al frente del Itaka.

El Itaka, escenario y banda sonora de muchas noches de disfrute junto a mi mujer Yolanda; noches de cañas y cacharritos; campeonatos de dardos y encuentro con los amigos; lugar de reunión del grupo de alta montaña del CECA y lugar de parada obligada en carnavales, para sanmigueles, navidades y fin de año. Y también para tomar una copa de terraza en las noches de verano.

El Itaka, un viejo corral en los aledaños del peatonal de Navalmoral de la Mata, reconvertido a finales de los años ochentas por Juan Pedro Carrasco y su hermano Toñi en establecimiento de copas, es uno de los locales más emblemáticos y longevos de lo que se llegó a conocer como la Marcha Morala, crecida bajo la influencia de la Movida madrileña nacida en la capital en los años renovadores de Tierno Galván al frente de la alcaldía madrileña.

En la terraza nocturna del Itaka. Foto: Yolanda Fernández
Estábamos saliendo de los primeros pasos de la transición del franquismo a la democracia, el socialismo había alcanzado el gobierno de la nación, las autonomías se habían constituido ya y Extremadura comenzaba a avanzar al empuje del entonces presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra. En Navalmoral, el socialista Javier Corominas lideraba el proyecto transformador del municipio que vivía unos tiempos de gran vigor con una Central Nuclear de Almaraz pujante, la apertura del Hospital comarcal Campo Arañuelo como nuevo impulso de crecimiento y con la relevancia de los institutos moralos de enseñanza media Augustóbriga y Zurbarán, que acogían a los escolares de Bachillerato y Formación Profesional de la comarca. Hacia finales de la década de los 80 del pasado siglo, Navalmoral era cabecera de partido judicial de más de 40 municipios y se había convertido en la ciudad de servicios e influencia de las comarcas de su entorno: Campo Arañuelo, Los Ibores y La Vera.

Esa notoriedad que ya era muy acuciada de día, fue prolongándose también a las noches moralas, y con la expansión urbanística de Navalmoral hacia el oeste, entorno a la zona de nueva creación de la Serradilla y más concretamente aprovechando la nueva calle del Puerto Carrales, se fue generando un área de animación nocturna en la que proliferaron pubs, bares de copas y semidiscotecas, llegando a adquirir tal relevancia que obtuvo la denominación popular de "Calle de la Marcha", "Puerto de la Marcha" e incluso "La Movida Morala". Fueron establecimientos que calaron fuerte entre la población, ávida de distracciones nocturnas; locales que llegaron a ser muy queridos y populares, como el Street (posteriormente Versión Original); el Blues del Autobús (todo un símbolo de la época, que cerró ahora hace dos años); el Film Factory, o el Look, que nació como bolera en la que se servían sandwiches y con una pequeña pista de baile, para después convertirse en pizzería, y con el tiempo en restaurante de referencia, mostrando una encomiable capacidad de adaptación a diferentes estilos a lo largo de los años, siendo uno de los pocos locales que todavía se mantiene en aquella "calle de la Marcha".

Pero la movida morala no se circunscribía a la calle del Puerto Carrales, sino que se fue extendiendo a otras zonas para dar respuesta a las necesidades, usos y hábitos de la nutrida juventud y población adulta que poblaba las calles durante las noches moralas, tanto en verano como en invierno. Así, en el entorno del peatonal surgieron locales emblemáticos como el ya citado Itaka, el Abuelo (en el que echamos una buena cantidad de noches conversando con Luis Serrano, uno de sus propietarios), y algo más tardano el Canterville. Oferta que se completó durante aquella época por otros locales habituales como el karaoke del Mármara; el Templo, el Toíto, el Trazos, el Globo, Al´Yamil, Bufón, Bloc, El Hueso o la discoteca Zódiac. Mención especial merecen también el Paco Micro (en la avenida San Isidro), local de éxito de uno de los pinchadiscos-diskjockey más carismáticos de la época en Navalmoral, y el Nivel II, que albergaba a los más trasnochadores, en la zona de la variante de la Nacional V, entre otros.

Eran tiempos de pujanza, de crecimiento bastante generalizado... de jueves social. Era el día en que los estudiantes de la comarca que habían estado en los institutos moralos durante la semana preparaban las maletas para volver a casa por el fin de semana y la tradición marcaba la salida nocturna para celebrarlo. Navalmoral y sus gentes siempre han sido abiertas y acogedoras, con una relación social muy fuerte y las noches de la Marcha eran un complemento esencial, vital de la ciudad.

Los años han hecho evolucionar todo y, afortunadamente, nuestros pueblos y comarcas han ido creciendo en servicios e infraestructuras, y prácticamente cada cual tiene sus zonas de animación nocturna, por lo que la movilidad es menor y la movida morala ha quedado para uso más local.

Al relente de las noches, testigo de toda esta evolución de los años, pero impertérrito al paso del tiempo cual si fuera aquel primer día de hace ahora más de un cuarto de siglo, ahí sigue el Itaka abriendo sus puertas cada jornada, bandera de aquella movida morala, para seguir ofreciéndonos lo mejor de las noches de Navalmoral. Y mientras, yo seguiré escuchando Sweet Home Alabama y recordando con afecto aquellas noches de Marcha Morala.



Juan Carlos Moreno, 18-11-15

jueves, 4 de junio de 2015

LOS PINARES DE TALAYUELA, UNO DE LOS GRANDES VALORES NATURALES DEL CAMPO ARAÑUELO














Os adjunto la última colaboración realizada para la edición impresa del hiperlocal digital del diario HOY en Talayuela. Habla del Pinar del Moreno y sus valores naturales.



Gracias a tod@s por vuestro reiterado interés. Saludos.


sábado, 16 de mayo de 2015

UN LUJAZO DE RUTA: DE ALMARAZ A MIRAVETE POR LA CAÑADA

... CAMINANDO POR LA CAÑADA REAL DEL CAMPO ARAÑUELO (y 4)

El río Tajo desde el Puente de Albalat, aguas arriba hacia el salto de Valdecañas. (Foto: Juan Carlos Moreno)

Un trazado de auténtico lujo. De aquellos que te hacen disfrutar de la caminata, del paisaje y de su naturaleza. Eso es lo que me viene a la cabeza cuando pienso en los 17 kilómetros de Cañada Real que separan Almaraz del Puerto de Miravete y que corresponden al tercer y último tramo de los 54,5 km de Cañada Real Leonesa Occidental que atraviesan de noreste a suroeste la comarca de Campo Arañuelo, de los que he venido dando cuenta en mis anteriores entradas.

Si en los 37 kilómetros de los dos tramos anteriores (Provincia de Toledo-Navalmoral y Navalmoral-Almaraz) habíamos recorrido grandes extensiones adehesadas, prácticamente llanas, y con los mayores anchos de cañada -que alcanzaban hasta los 500 metros- a partir de Almaraz descubriremos un itinerario radicalmente diferente. Serpenteando a través de la calzada de la antigua Nacional V (que cruza en diversas ocasiones) y variando su amplitud ostensiblemente para adaptarse a la marcada orografía, remonta cerros, cruza dehesas y jarales y se aboca a la línea del Tajo, que salva por el puente de Carlos V. Siguiendo el curso del río nos acerca al yacimiento de Makhada-Albalat y finalmente se encarama bruscamente por las laderas de Miravete hasta alcanzar el Puerto antes de seguir su andadura hacia Jaraicejo y las tierras trujillanas.
Vista del itinerario que nos queda desde Las Mesillas (margen Sur de la Autovía A5). Llavamos 42 km desde la Casa del Venturro, en el límite con la provincia de Toledo. Al fondo, la Sierra, Puerto y Pico de Miravete. (Foto: Juan Carlos Moreno)






EL ITINERARIO:

Iniciamos el recorrido desde el campo de fútbol de Almaraz (en el enlace de nuestra ruta con el área de descanso La Laguna), tomando dirección al Sur, hacia la carretera N-V, a la que salimos a la altura de la puerta principal de las instalaciones de la Central Nuclear de Almaraz (CNA).


Croquis del GR Ruta de la Mesta, de la Red de Senderos de ARJABOR
(Autor: J.C. Moreno)
Atravesamos la calzada de acceso a CNA y continuamos a la derecha de la N-V por la Cañada Real entre pequeñas ondulaciones, ahora en dirección suroeste. Cuando llegamos al nudo de carreteras que provoca el cruce de la N-V con la Autovía de Extremadura A-5 giramos totalmente hacia el Oeste. Cruzando la carretera a Serrejón, buscamos un paso elevado de ganado por el que superamos la autovía, volviendo ahora en dirección Este al nudo de carreteras; ahora en el margen Sur.


El Tajo baja encajonado aguas arriba del Puente de Albalat. (Foto: Juan Carlos Moreno)

Cruzamos el antiguo trazado de la carretera Nacional V y al llegar a lo alto de una lometa la línea del Tajo nos ofrece una de las más bellas estampas de cuantas he podido conocer en Extremadura. Una panorámica que me ha cautivado tanto que siempre procuramos volver a disfrutar en cuanto regresamos al pueblo, aunque sea por pocos días. Bajamos por una acusada pendiente que nos conduce al Puente de Albalat (s. XVI, mandado construir por el Emperador Carlos I, auténtica joya del Renacimiento y testigo de numerosas batallas por su dominación), que sirve de paso a la N-V para salvar el Tajo, carretera a la que hemos salido de nuevo en la curva anterior.


Al llegar a la puerta sur del puente, abandonamos la calzada por la derecha, descendemos por la cañada hacia la orilla del río y seguimos su curso hasta el refugio de pescadores de la Junta de Extremadura. Un pasaje éste de auténtica belleza, que destila una calma especial y nos ofrece una espectacular perspectiva del histórico puente de Almaraz


Desde el puente de Almaraz vemos la orilla izquierda, que recorreremos aguas abajo del Tajo, hacia la afluencia del Tiétar
y el Parque Natural de Monfragüe, que se vislumbra al fondo. (Foto: Juan Carlos Moreno)

A lo largo de todo este tramo podemos observar en la orilla contraria las ruinas de Fort Ragusa, trincheras militares del s.XIX, levantadas por los franceses durante la Guerra de la Independencia, en la zona denominada El Fuerte. Frente a esta fortificación, de nuevo en la ribera izquierda pero fuera de nuestro alcance visual, se encuentran las ruinas de Fort Napoleón (s. XIX), construido en el Cerro del Tesoro igualmente por los franceses para dominar ambas orillas del puente.


El camino nos depara paisajes de gran belleza. (Foto: Juan Carlos Moreno)
Desde aquí ascendemos una vez más a la N-V para superar el arroyo Corrinches. Allí, cerca del embarcadero existente en su desembocadura al Tajo, se encuentran las ruinas de la Ermita de la Virgen de las Aguas (s. XVI, llegó a ser Rectoría del Concejo de Al-Balat). Y tras pasar el puente, volvemos a descender a la derecha para acercarnos a uno de los más importantes valores del patrimonio arqueológico del Campo Arañuelo: el yacimiento de Medina Albalat (s. X-XI, capital de la "Kora" o provincia militar musulmana de Albalat), hoy día afortunadamente en proceso de estudio y puesta en valor, cuyos detalles podemos consultar en la web oficial del Ayuntamiento de Romangordo.

Superados los restos arqueológicos de la ciudadela árabe, atravesamos el puente romano existente sobre la confluencia del arroyo del Frontal y la garganta La Canaleja y por enésima vez subimos a la N-V para cruzarla a la altura del antiguo Hotel Moya, ascendiendo por unos canchales y girando poco a poco al Sur hasta alcanzar un nuevo nudo de carreteras entre la N-V y la Autovía de Extremadura, que superamos por un paso de ganado inferior.
       
Al otro lado de la autovía, reculamos ligeramente hacia el noroeste hasta encontrar la N-V que, esta vez sin cruzarla, dejamos a la derecha para dirigirnos por la Cañada hacia la derecha durante algo más de 1.500 metros. Salvamos de nuevo la N-V y por el puente de la antigua carretera superamos el arroyo Giralda antes de volver a atravesar la N-V, de la que nos separamos definitivamente siguiendo en dirección Sur el curso de un afluente del arroyo Giralda que nace muy cerca del núcleo urbano de Casas de Miravete.

Un kilómetro más adelante, la Cañada atraviesa el citado arroyo y en una fuerte subida asciende hasta Casas de Miravete, localidad a la que se llega tras cruzar la carretera de enlace con la Autovía de Extremadura. Nada más entrar en la localidad nos encontramos con el Parque Municipal construido junto a la fuente del pueblo, que fue acondicionada como área de descanso de la Red de Senderos de ARJABOR.


Panorámica de Casas de Miravete desde las primeras rampas de la Cañada que
se encaraman a la Sierra, camino del puerto de Miravete. (Foto: Juan Carlos Moreno)
Casas de Miravete es una localidad que nos ofrece un interesante tipismo arquitectónico, que combina las edificaciones antiguas con las de nueva construcción manteniendo todo el sabor rural. Su iglesia está dedicada a Nuestra Señora de la AsunciónAtravesamos callejeando la población arañuela y retomamos la Cañada Real para afrontar el último tramo de una ruta que todavía nos ha de deparar magníficas sensaciones y emociones, inmersos ya en el área de influencia del Parque Natural de Monfragüe. Una fuerte rampa nos encarama en las laderas de la Sierra de Miravete, por la que ascendemos rápidamente en dirección S-SE hacia el Puerto de Miravete, al que llegamos tras cruzar la N-V a media subida. También nos encontramos la N-V justo en el Puerto, pero en esta ocasión la bordeamos hasta el merendero existente justo en el collado (ya en término municipal de Jaraicejo), junto a un edificio propiedad de la Junta de Extremadura y al puesto del Servicio de Ordenación Forestal.

Disfrutando de una magnífica y amplia panorámica sobre los llanos trujillanos al Sur y de las grandes extensiones arañuelas al Norte, con la Sierra de Gredos como fondo, tomamos ese aire limpio y nítido que caracteriza las tierras extremeñas y damos por finalizado el recorrido de los 54,5 kilómetros de Cañada Real Leonesa Occidental que discurren por la comarca de Campo Arañuelo.


A tener en cuenta a la hora de planificar la realización de la ruta...


Vista del Puerto desde el Pico de Miravete. Al fondo la Sierra del Frontal y a sus pis la dehesa del mismo nombre (Foto: Juan Carlos Moreno)
Esta parte de la Cañada se puede realizar sin problemas durante cualquier época del año, aunque el mayor esplendor lo encontraremos sin duda durante la primavera y el otoño. La única fuente que contempla el itinerario es la del Parque Municipal de Casas de Miravete, de buena y abundante agua, aunque el arroyo que nace en la misma puede servirnos de abastecimiento aguas abajo, antes de la dura subida a la localidad. Igualmente existe una fuente en el merendero existente en el Puerto de Miravete, aunque en su día un cartel indicaba que su agua no es potable (no he podido confirmar si continúa esta circunstancia).

Mi consejo es realizar siempre el recorrido en el mismo sentido que he descrito, empezando en Almaraz y terminando en el puerto de Miravete. Para ello, hay que tener en cuenta organizar el transporte para la vuelta. En sentido contrario, la caminata sería más cómoda, pero creo sinceramente que pierde mucho del encanto que tiene.

La vida crece en la Cañada (Foto: Juan Carlos Moreno)
A pesar de que el entorno del itinerario se encuentra bastante modificado por la acción urbanística (carreteras y sus servicios añadidos, como áreas de servicio y hostelería) y de que buena parte de la Cañada discurre muy cerca de la N-V (aunque apenas se ve y por la que circulan pocos vehículos) o de la Autovía de Extremadura, se trata de una ruta que ofrece destacados atractivos medioambientales. De especial interés paisajístico y faunístico son el tramo junto al río Tajo (extraordinaria belleza con avifauna muy variada y visible; de auténtico lujo); el valle previo a la subida a Casas de Miravete (con una importante carga bucólica, sobre todo en épocas frescas), y el recorrido por las laderas de la Sierra de Miravete (muy cerca de los límites del Parque Natural de Monfragüe, pero dentro del área calificada como Reserva de la Biosfera) con exuberantes roquedos y frondosos bosques, que en otoño ofrecen una combinación cromática de gran belleza.


Ganado vacuno con el que compartimos parte de la Cañada (Foto: J.C. Moreno)
Es frecuente contemplar el paso de diversas especies de aves sobrevolando la cañada, así como la presencia de ganado en las explotaciones colindantes a la ruta. Igualmente, mientras pasamos junto al río Tajo podemos disfrutar de numerosas especies de aves acuáticas que anidan en su entorno y, en función de la época, podríamos coincidir con el paso de ganado en trashumancia.
Un buitre luce altivo y paciente su silueta sobre nuestras cabezas (Foto: JC. Moreno)

Por último y como colofón a este cautivador recorrido por la Cañada Real en su paso por el Campo Arañuelo (en la Red de Senderos comarcal de ARJABOR es denominado como GR-2 Ruta de la Mesta, de los Campos Castellanos al Parque de Monfragüe), en nuestro caminar por la Sierra de Miravete disfrutaremos del altivo y señorial vuelo de las especies protegidas del Parque Natural de Monfragüe




Juan Carlos Moreno, a 15 de mayo de 2015.