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lunes, 10 de mayo de 2021

SILENCIO, POR FAVOR



¡Silencio, por favor! Podría tratarse del toque de atención del regidor antes del consabido “Atentos, cámara, acción” de un rodaje cualquiera. Pero no, en mi caso estas palabras me surgen en la mente ante otra necesidad. A mí, en estos momentos de la vida me sugiere que deberíamos parar máquinas, frenar este ruido infernal en el que nos encontramos inmersos como sociedad. Un ruido ensordecedor que todo lo pervierte y todo lo sobredimensiona. Un ruido que resulta dañino individual y colectivamente.

¡Silencio, por favor! me reclama el ánimo. Quiero escuchar el silencio. Necesito escuchar el silencio. Necesitamos escuchar y escucharnos. Y para ello, el silencio es nuestro aliado.

¡Silencio, por favor! Basta ya de ese ruido aterrador que se cuela sin reparos por unas redes sociales cargadas de exabruptos, inquinas y muy mala leche. Basta ya del escandaloso ruido en las ciudades. Reconstruyamos de manera preventiva unos núcleos urbanos medioambientalmente sostenibles antes de que recuperen de nuevo su apogeo anterior a la pandemia, para que no se vuelvan a convertir en urbes cargadas de decibelios hasta la extenuación sonora. Basta ya de ruido y pocas nueces de una inmensa mayoría de nuestros políticos. Que callen, por favor, y que escuchen al oponente, que no debe ser enemigo, sino contrario. Que dejen de gritarse, descalificarse e insultarse (e insultarnos con su comportamiento a nosotros, sus representados) y empiecen a hablar, de manera pausada, constructiva, propositiva y respetuosa con la labor que les hemos encomendado el conjunto de la ciudadanía. Basta ya del nocivo ruido mediático de aquellos medios de comunicación que basan su razón de ser en el escándalo, la falacia y la falta de la más mínima ética y rigor informativo.

Basta ya de individualismo y de no pensar más allá de uno mismo, sólo escuchándonos a nosotros mismos, sin importarnos lo más mínimo la colectividad. Basta ya del doloroso ruido de los codazos egoístas que crecen por doquier con el único objetivo de quitar a unos para ponerse otros. Basta ya del ruido hiriente de la indiferencia, la ineptitud y la insolidaridad hacia los más débiles que nos deparan las cada vez más graves diferencias sociales.

Todo esto me provoca una necesidad imperiosa de pedir silencio, por favor. Que pare el ruido. Para poder escuchar el silencio. Para poder escuchar la vida, que con tanto ruido nos la estamos perdiendo. Quiero dejar de hablar sin parar para poder escuchar, y así aprender.

Quiero escuchar el mundo, que está lleno de maravillosos sonidos y de sugerentes silencios. Quiero escuchar al día amanecer, el susurrar del viento, el trinar de los pájaros, el crotorar de las cigüeñas y el vivo discurrir de las aguas por su lecho fluvial, o el cálido crepitar de la leña en las tardes frías de invierno. Quiero escuchar el ocaso de la tarde y el trajín de las estrellas mientras cubren la noche con su brillante presencia.

Y sobre todo, quiero tener silencio para poder escuchar sin prisas a mi mujer, Yolanda, y junto a ella, todo nuestro amor y el paso del tiempo. Un tiempo pleno en el que la falta de ruido serena el ánimo y el silencio más intenso llena los sentidos de paz.

                                                                    

                                                                                        Juan Carlos Moreno, a 7 de mayo de 2021

viernes, 28 de agosto de 2020

SANIDAD, INVESTIGACIÓN Y FORMACIÓN, UN TRINOMIO ESENCIAL PARA NUESTRO BIENESTAR

EL COVID-19 NOS RECUERDA EL PAPEL FUNDAMENTAL DE NAVALMORAL EN LA ERRADICACIÓN DE LA PANDEMIA PALÚDICA EN ESPAÑA


En la actual situación de especial gravedad a nivel mundial como consecuencia de la pandemia del Covid-19, con importante afectación también en Navalmoral y comarca, hemos descubierto que somos más vulnerables de lo que nos creíamos. Que las cosas no vienen dadas porque sí y que el bienestar de nuestras vidas se ha forjado con el esfuerzo de mucha gente a lo largo de los años en luchas por incrementar nuestros derechos y libertades. Pero también y de manera muy determinante gracias a la dedicación, entrega y tesón de numerosos científicos, investigadores, médicos y personal sanitario y auxiliar, que a lo largo de los tiempo han ido mejorando de manera significativa las condiciones de salud de nuestra sociedad, dotándonos de más adecuadas herramientas para afrontar enfermedades y ganar en calidad de vida. Una labor de la que, lamentablemente, solemos acordarnos sólo cuando nos duele algo.

Recomendaciones a la ciudadanía del Instituto Nacional
Antipalúdico. (Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Ahora que las conversaciones a pie de calle transmutaron del fútbol o la política a la epidemiología; que cambiamos nuestra atención de las estrellas del deporte, la música o la pantalla hacia nuestros excelentes científicos -incluso algunos convertidos en virales de las redes sociales (quién no ha oído hablar por ejemplo de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, cosa harto impensable hace tan sólo unos meses); ahora que se ha hablado extensamente de la Sanidad Pública, la Investigación y la Educación, y de su futuro, y que ha quedado meridianamente claro que se precisa de una decidida apuesta por éstas, tanto en recursos como en amparo, supervisión y titularidad públicas, vamos a ver si se traduce en realidades y no nos olvidamos de todo ello a la que empecemos a girar de nuevo a todo trapo.

El caso es que de estas circunstancias Navalmoral sabe mucho -o debería, por experiencia-, ya que no en vano estuvo en primera línea de uno de los hitos de la salud pública nacional más importantes del siglo XX, como fue la erradicación del paludismo en España, una pandemia endémica arrastrada durante siglos y cuya lucha tuvo en Navalmoral y comarca uno de sus grandes referentes, no solo a nivel nacional sino internacionalmente.

De Izq. a Der.: Rafaela, Josefa, Paquita (ATS) y Felicidad.                       
(Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Haciendo un simple paralelismo -aún con muchos matices- entre lo que nos está tocando sobrellevar hoy día y lo vivido en las comarcas del valle del Tiétar durante la primera mitad del siglo pasado, quizá seamos capaces de valorar en mejor medida a aquel esforzado grupo de científicos, investigadores, médicos y sanitarios, que junto a sus colaboradores y ayudantes, y bajo la dirección del Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral, trabajaron durante décadas con perseverancia hasta alcanzar la erradicación del paludismo en nuestro país.

Precisamente, este 26 de agosto (2020) se han cumplido 100 años de la constitución de la Comisión para el Saneamiento de las Comarcas Palúdicas; hecho que se puede considerar el inicio oficial de la lucha para la erradicación del paludismo en España.

A partir de la creación del primer dispensario y del experimento fundacional llevado a cabo en Talayuela en 1920 -que recogía los importantísimos trabajos y estudios previos realizados en la zona desde principios de siglo- y especialmente tras la creación del Instituto Nacional Antipalúdico en 1925, Navalmoral fue hasta bien entrados los años 60 del siglo pasado punto clave y referente internacional de investigación y formación científica y médica en la lucha contra una enfermedad que había castigado de manera lacerante a tantas regiones españolas durante siglos y que aún en la actualidad sigue matando a cientos de miles personas en el mundo cada año.

Muestra de ello es que en 1943 todavía se notificaron en el país cerca de medio millón de enfermos, mientras que en 1955 fueron 500 casos y en 1961 se registró el último caso de paludismo autóctono en España. La erradicación certificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) se alcanzó en 1965.

Como ha quedado patente con la irrupción de la pandemia del Covid-19, sanidad, investigación y formación constituyen un trinomio esencial para el desarrollo del bienestar de nuestra sociedad. La arquitectura médica, científica y educativa que se construyó en Navalmoral y su área de influencia en torno al Instituto Nacional Antipalúdico fueron un claro ejemplo de esa importancia y trascendencia.

Sin embargo, y de manera incomprensible, aquella gesta cayó prácticamente en el olvido durante las décadas posteriores, tanto por el desmantelamiento del Instituto Nacional Antipalúdico, como por el ostracismo al que le sometieron las autoridades del momento. De hecho, de todo el patrimonio material e inmaterial que nos legó a Navalmoral y comarca, más bien poco queda. El paso del tiempo, una memoria perezosa y unas instituciones en su día cuanto menos poco preocupadas por su pasado y su patrimonio resultaron un cóctel letal.

A pesar de la profunda marca que dejó entre la población, desde su cierre en 1964 hasta finales de siglo poco o casi nada se hizo para mantener su memoria, ni respecto del Instituto Nacional Antipalúdico, ni sobre la ardua tarea llevada a cabo por médicos, científicos, investigadores y personal asistencial, muchos de ellos vecinos de Navalmoral o de las poblaciones vecinas.

    (Foto cedida por familia Lozano Olivares).                                                 
Ya a finales de siglo, el Dr. Álvaro Lozano Olivares, eminente epidemiólogo y científico, miembro del equipo de la OMS para la erradicación de la polio, e hijo del que fuera parte decisiva en la erradicación de la pandemia en nuestro país y director del Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral (desde 1939 hasta su fallecimiento en 1960), a su regreso a la ciudad morala trabajó por recuperar y poner en valor la memoria de la lucha antipalúdica. Así, tras unas primeras participaciones en las ediciones de 1995 y 1997 de los Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo y en estrecha colaboración con la División Editorial de PubliSher, en 1998 publicamos el libro biográfico sobre su padre "Vida y Obra del Dr. Álvaro Lozano Morales. La aportación de un extremeño en la lucha y erradicación del Paludismo", un impresionante documento humano, divulgativo e histórico cuyo interés fue reconocido por parte del mundo científico. Con posterioridad, apenas algunas reivindicaciones individuales y la dedicatoria de la edición de 2002 de los Coloquios a la lucha antipalúdica; hasta que en 2015 pusimos en marcha la Iniciativa del Retiro de Carlos V al fin del paludismo en Extremadura.

(Foto cedida por familia Lozano Olivares).
Inspirados en el referido libro sobre los años centrales del Instituto Antipalúdico, la Iniciativa surgió gracias al inestimable apoyo y asesoramiento del Dr. Jesús Lozano Olivares (especialista en Microbiología, Medicina Preventiva y Salud Pública y experto formador médico, a la sazón hijo y hermano de los Álvaro Lozano antes citados) y a la conjunción inicial con los intereses del empresario de actividades rurales de Losar de la Vera Carlos Antón, a través de Conyegar. El objetivo era la puesta en valor de aquel ingente patrimonio material y, sobre todo, inmaterial, con capitalidad en Navalmoral de la Mata y con dos extensiones destacadas como son el Monasterio de Yuste (donde Carlos V contrajo el paludismo, enfermedad que le causó la muerte) y el Dispensario de El Robledo, como centro asistencial de campo, triangulando un área de especial interés científico, educativo, cultural e histórico.

A pesar de la buena acogida recibida por cuantos organismos e instituciones les presentamos el proyecto (entre otros, Instituto de Salud Global de Barcelona, Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste, la farmacéutica GlaxoSmithKline, asociaciones para el desarrollo de las comarcas de La Vera (ADICOVER) y del Campo Arañuelo (ARJABOR), ayuntamientos de Losar de la Vera, Jarandilla y Navalmoral de la Mata, o Fundación Cultural Concha), en honor a la verdad debo decir que los resultados obtenidos han sido realmente escasos.

Aún y así, de aquel esfuerzo e ilusiones surgió el curso "Europa ante los desafíos globales de la Cooperación al Desarrollo. Erradicación y prevención de enfermedades endémicas: Malaria" celebrado dentro del Campus Yuste 2017, y que organizado por la Fundación Yuste en colaboración con la Universidad de Extremadura y la Iniciativa entre otros, resultó un rotundo éxito.

También fruto en buena parte de aquella idea inicial y gracias a la visión del gerente de Adicover, Quintín Correas, se fraguó la adecuación del dispensario de El Robledo como Centro de Interpretación del Paludismo, lo que permitió a Losar de la Vera incorporarse a los Itinerarios Culturales Europeos de Carlos V.

Y en los últimos tiempos, una placa conmemorativa frente al Palacio de Justicia (antiguo Instituto Antipalúdico) y un tímido anuncio (aunque bienvenido) de una exposición temporal en Navalmoral, con fecha por determinar.

En lo particular, aunque mi objetivo siempre ha sido el de avanzar mucho más en el desarrollo de estos proyectos, convencido como estoy que de trata de un elemento diferenciador de amplio recorrido, doy por bien empleados tiempo, ilusiones y esfuerzos. Y aunque me gustaría poder estar hablando hoy día de otra realidad muy distinta, sí me doy por satisfecho con al menos haber conseguido repescar aquel episodio extraordinario de la historia de nuestra ciudad.

Pero nuestra tierra y nuestras gentes merecen más. Navalmoral de la Mata cuenta con la historia, el prestigio, la capacidad e incluso el deber, no solo de rendir un merecido reconocimiento a todas aquellas personas que dedicaron buena parte de sus vidas -y en muchos casos de su salud- al servicio de la colectividad para atajar una terrible pandemia que cercenó la salud, economía y desarrollo de los municipios y habitantes del valle del Tiétar durante siglos, sino de aprovechar ese valiosísimo poso para impulsar un polo de divulgación histórica y conocimiento científico diferenciador e identificador de las capacidades de Navalmoral y los moralos, con especial atención a la formación y la investigación. El primer centenario del inicio de la lucha oficial contra el paludismo en España hubiese sido una gran excusa para haberle dado la visibilidad que le corresponde.

Curso de formación de 1943 en el Instituto Nacional Antipalúdico de Navalmoral (Foto cedida por familia Lozano Olivares).

Volviendo a la actualidad, durante estos últimos meses se ha destacado en múltiples ocasiones el trascendental e imprescindible papel que sanitarios, médicos y científicos están teniendo en la lucha contra el Covid-19, así como el de aquellos sectores que hemos descubierto esenciales para nuestro cuidado y abastecimiento, entre los que incluimos a las fuerzas y cuerpos de seguridad, alimentación, limpieza y asistencia social. Esperemos que no se nos olvide tan pronto como me temo que nos pasará, a la vista de no pocas actitudes insolidarias, incívicas y de un absurdo egocentrismo.

Con la mirada presente de los esfuerzos titánicos que se están haciendo tanto social como científicamente para vencer la enfermedad del Covid-19, quizá contemplemos y valoremos mejor la gesta alcanzada por aquel entonces.

Juan Carlos Moreno, 28-08-2020

Nota del autor: Este artículo ha sido publicado previamente y de forma extractada bajo el título "Centenario antipalúdico" en la edición impresa del diario HOY Navalmoral correspondiente al mes de Agosto 2020, así como el hiperlocal digital HOY Navalmoral de 26-08-2020, al que podéis acceder mediante el siguiente enlace: "Centenario antipalúdico".











lunes, 1 de octubre de 2018

UN RINCÓN DE FELICIDAD


Un remanso de paz, una porción de paraíso, un rincón de felicidad,... dilo como quieras, pero eso es ese pequeño hilo de agua y vegetación que se hunde en el valle que conforma el río Viejas entre el Cerro del Avellano y la Sierra de Rontomez, en su postrer camino antes de confluir y ceder sus aguas puras al río Ibor.

A escasos cuatro kilómetros de la localidad cacereña de Castañar de Ibor por la carretera EX-386 que enlaza ésta con Robledollano y Deleitosa, y un poco más adelante de la piscina natural de Castañar y de la denominada Junta de los Ríos, en un giro del antiguo trazado de la carretera en desuso, tras un pequeño camino rodado de varias decenas de metros se alcanza una pequeña balsa represada en el cauce del río Viejas, bajo las imponentes laderas del Cerro del Avellano, que la preside hacia el sur.

A pocos metros, antes de la balsa cauce arriba, se nos abre este pequeño paraíso natural por el que discurren las cristalinas aguas del Viejas, que tras su agreste recorrido desde las cumbres de las Villuercas, se amansan en el último tramo para acabar aportando su caudal al gran río del valle principal, el Ibor.

Durante los meses de estío, en su breve trazado entre la piscifactoría existente a las puertas del valle que lleva su mismo nombre y la junta de los ríos, la densa vegetación ribereña que acompaña a las alegres pero serenas aguas del río Viejas nos mantiene al cobijo de las altas temperaturas. Y así es como una humilde y discreta porción de naturaleza te puede deparar un regalo de incalculable valor.

Corría la infernal primera semana de agosto del verano pasado (2018) durante la que los termómetros quisieron batir récords. Yolanda y yo habíamos llegado el día anterior a nuestro destino en los muy acogedores chozos de Carrascalejo, en la comarca de la Jara cacereña. Con el fin de intentar encontrar algo de fresco, decidimos saltar la Sierra de Altamira a través del panorámico collado de Arrebatacapas y acercarnos al valle del Ibor por Navatrasierra. Un frondoso itinerario de 37 serpenteantes kilómetros que atraviesan además de Altamira, la Sierra del Hospital del Obispo y la de la Palomera, con un espectacular descenso final a vista de pájaro sobre la Garganta Honda, antes de incorporarnos a la carretera Navalmoral-Guadalupe (EX-118), cerca de Navalvillar de Ibor, desde donde valle abajo llegamos en unos minutos a Castañar de Ibor.

Lejos de nuestras expectativas y a pesar de la belleza del recorrido, el resultado no pudo ser más desolador: cansancio y agobio extremos causados por el sofocante calor de unas infernales temperaturas, que por añadido estaban afectando duramente a nuestra perrita Laia, de pelo negro abundante y poco amiga del agua. Incluso era incapaz de poner sus patas al suelo, ya que éste ardía y le provocaba quemazón en las almohadillas de pies y manos. Lo cierto es que no recordaba yo nada igual, a pesar de los fuertes calores veraniegos habituales por estos lares.

Pero esta tierra nuestra siempre nos guarda sorpresas agradables; es lo que tiene. Cuando ya dábamos el día por resuelto, una pausada estancia en la terraza del restaurante del Hostal Solaire, en Castañar, y su reconstituyente almuerzo a base de una exquisita ensalada, queso de la tierra y magro, nos repusieron el ánimo y las fuerzas, con lo que decidimos acercarnos a ese discreto rincón del Viejas, que ya conocíamos de anteriores ocasiones, con el fin de refrescarnos un poco.

Así fue como una vez más pudimos disfrutar de esa sensación de profunda calma, de ese silencio ruidoso del agua avanzando rauda hacia su destino, haciendo crepitar los cantos rodados y piedras del lecho a su paso; del suave balanceo de las hojas mecidas en los majestuosos alisos que se yerguen a sus orillas, generando un agradable refugio bajo su manto, o del variopinto piar y trinar de los pajarillos que moran en su interior.

Y allí, en medio de aquel pequeño curso de agua, con los pies hundidos (incluso nuestra perrita, tan poco amiga de mojarse) y sentados sobre una piedra, o acolchados por la hierba de la orilla, dejando pasar la tarde sin prisas ni preocupaciones, hallamos nuestro remanso de paz, nuestra porción de paraíso, nuestro rincón de felicidad.

Juan Carlos Moreno, a 28-9-2018.






miércoles, 28 de junio de 2017

INTELIGENCIA Y CALIDAD HUMANA

UNA EXPERIENCIA EN TORNO A LA ORGANIZACIÓN DEL CURSO SOBRE MALARIA Y COOPERACIÓN DEL CAMPUS DE VERANO DE YUSTE 2017
 
UNA IDEA HECHA REALIDAD...
 
Han pasado 8 meses, cerca de 200 correos electrónicos cruzados entre casi una treintena de personas y cientos de horas de trabajo, desde que una tarde de octubre de 2016 tuve el auténtico placer de intercambiar una interesantísima primera conversación con el entonces nuevo director de la Fundación Academia Europea de Yuste, casualidades de la vida mi tocayo Juan Carlos Moreno Piñero.
 
Fue telefónicamente, él en su despacho en el Monasterio de Yuste, yo paseando por la calle Italia de El Masnou, en Barcelona. Mi intención era ponerle en conocimiento de la idea en la que estaba trabajando desde hacía meses y que ha fructificado en mi actual Iniciativa del Retiro de Carlos V al fin del Paludismo en Extremadura. De nuestra conversación y de aquel intercambio de pareceres surgió una inquietud por su parte, que enseguida se torno en propuesta, en reto y en proyecto: realizar un curso de carácter científico dentro del Campus Yuste de 2017.
 
La apuesta no era fácil, pero nos pusimos en marcha rápidamente y enseguida encontramos los apoyos puntales para poder convertir en realidad esta apuesta con seriedad, rigor y toda solvencia. En este sentido he de decir que tanto el Dr. Jesús Lozano Olivares como el Dr. Quique Bassat Orellana, me lo pusieron muy fácil y de inmediato se pusieron a disposición de manera desinteresada para ayudarnos a configurar un programa atrayente y de calidad. Y a fuer de ser sinceros, que así ha sido.
 
A partir de ahí, su capacidad, conocimiento y autoridad en la materia, permitieron ir incorporando a la organización del curso y al programa a especialistas, científicos y profesores, expertos todos ellos en investigación científica, malaria y cooperación en Salud Pública, hasta convertir en una brillante realidad el curso "Europa ante los desafíos globales de la Cooperación al Desarrollo. Erradicación y prevención de enfermedades endémicas: Malaria; que se celebrará los días 5 a 7 de julio de 2017 en el Real Monasterio de Yuste.
 
INTELIGENCIA Y CALIDAD HUMANA...
 
 
Ese fue el arranque y el resultado. Pero al margen del mucho trabajo, de búsquedas, contactos, borradores, cambios, correos, dudas y soluciones, con lo que me quedo de la organización de este curso, es con el incomparable aprendizaje adquirido al compartir objetivos, ilusiones y esfuerzo con un grupo de personas de elevada inteligencia, sencillez abrumadora y una calidad humana excepcional, dedicada a hacer el bien por el mundo.
 
Para mi es un auténtico orgullo haber podido compartir amistad y complicidades generadas durante todos estos meses, con los componentes del equipo organizador, desde de mi buen amigo Jesús Lozano a mi admirado Quique Bassat, pasando por la ejemplaridad, implicación y cercanía de Marieta Iradier, María Teresa Blanco y Miguel Ángel Martín. También la de otras personas que han formado parte del entramado que ha permitido configurar el programa de este novedoso curso del Campus, como Noemí Bahamontes, Ascensión Ciruelos, Rosa de la Torre, Laura Sanz-Alonso, Rafael Calero o Ciro López. Y capítulo aparte merece mi amiga y colega Nuria Verdiguier, quien desde un segundo plano siempre ha estado ahí, dando todo el apoyo, colaboración y más para que todo saliera perfecto.
 
A todos ellos mi gratitud pública.
 
 
 
Juan Carlos Moreno, a 28-06-2017
 


viernes, 3 de febrero de 2017

EN MEMORIA DE ÁLVARO LOZANO OLIVARES

Fue un artículo que me quedó por escribir, en el saco de las deudas pendientes, durante años. Demasiados.

Coincidiendo con el décimo octavo aniversario de la edición del libro sobre su padre, me armé de valor y emprendí la resolución de esa falta.

El resultado quedó reflejado en las ediciones impresa y digital del hiperlocal del diario regional HOY en Navalmoral correspondiente al mes de noviembre de 2016, que tengo el placer de compartir con vosotros a través de mi blog.








lunes, 14 de septiembre de 2015

LA VERA, ESE GRAN REFUGIO NATURAL DE EXTREMADURA

La Vera es sin duda uno de los grandes parajes naturales del norte de Extremadura. A cobijo de las grandes cimas milenarias de la imponente Sierra de Gredos, esta comarca es un auténtico refugio para el cuerpo en los calurosos días del estío cacereño y albergue para el alma durante las rudas jornadas invernales.

Este verano que afronta sus postrimerías, hemos podido disfrutar una vez más del auténtico lujazo que supone vivir la comarca verata, la exuberancia de su privilegiada naturaleza; una arquitectura popular serrana exquisitamente cuidada; su relevante patrimonio histórico-cultural y, sobre todo, la amabilidad, buen trato y hospitalidad de sus gentes.

Recorrer sus pueblos, las múltiples gargantas que precipitan sus aguas por ríos y arroyos para regocijo de sus miles de visitantes, o los idílicos recovecos repletos de robustos robles, altivos y majestuosos que encierra La Vera, son algunos de los placeres que nuestras sensaciones han vuelto a experimentar un año más.

Y al caer la noche, esa noche verata serena, acogedora y misteriosa a la vez, bajo el manto estrellado insondable e infinito que lo ocupa todo, nuestros sentidos se han rendido ante la exquisitez de la buena cocina de la tierra, auténtico manjar de dioses y emperadores permitido al común de los mortales. Y gozoso, he vuelto a disfrutar de aquellos momentos mágicos, únicos y especiales, con que tan bien sabe obsequiarme mi mujer Yolanda.

Durante estos días de paz verata, Carlos y Xiomara nos abrieron las puertas de su casa en Losar de la Vera y de su amistad. Largas y entrañables fueron las charlas que mantuvimos con ellos, estirando el anochecer como si nadie quisiera que se acabara la jornada en la acogedora terraza de la casa de Conyegar. Lo hicieron con generosidad, amabilidad y un aprecio que se ganaron de nosotros por siempre.

No ha sido la primera ocasión en que hemos visitado La Vera, a la que nos unen lazos de vecindad con la comarca de Campo Arañuelo y nuestro Navalmoral de la Mata; tampoco será la última, seguro. Este verano hemos vivido grandes momentos en tierras veratas. Conyegar reza a su entrada como lema "Encuéntrate en La Vera". Sin duda, ha sido así.


Juan Carlos Moreno, a 14-9-2015




jueves, 4 de junio de 2015

LOS PINARES DE TALAYUELA, UNO DE LOS GRANDES VALORES NATURALES DEL CAMPO ARAÑUELO














Os adjunto la última colaboración realizada para la edición impresa del hiperlocal digital del diario HOY en Talayuela. Habla del Pinar del Moreno y sus valores naturales.



Gracias a tod@s por vuestro reiterado interés. Saludos.


sábado, 16 de mayo de 2015

UN LUJAZO DE RUTA: DE ALMARAZ A MIRAVETE POR LA CAÑADA

... CAMINANDO POR LA CAÑADA REAL DEL CAMPO ARAÑUELO (y 4)

El río Tajo desde el Puente de Albalat, aguas arriba hacia el salto de Valdecañas. (Foto: Juan Carlos Moreno)

Un trazado de auténtico lujo. De aquellos que te hacen disfrutar de la caminata, del paisaje y de su naturaleza. Eso es lo que me viene a la cabeza cuando pienso en los 17 kilómetros de Cañada Real que separan Almaraz del Puerto de Miravete y que corresponden al tercer y último tramo de los 54,5 km de Cañada Real Leonesa Occidental que atraviesan de noreste a suroeste la comarca de Campo Arañuelo, de los que he venido dando cuenta en mis anteriores entradas.

Si en los 37 kilómetros de los dos tramos anteriores (Provincia de Toledo-Navalmoral y Navalmoral-Almaraz) habíamos recorrido grandes extensiones adehesadas, prácticamente llanas, y con los mayores anchos de cañada -que alcanzaban hasta los 500 metros- a partir de Almaraz descubriremos un itinerario radicalmente diferente. Serpenteando a través de la calzada de la antigua Nacional V (que cruza en diversas ocasiones) y variando su amplitud ostensiblemente para adaptarse a la marcada orografía, remonta cerros, cruza dehesas y jarales y se aboca a la línea del Tajo, que salva por el puente de Carlos V. Siguiendo el curso del río nos acerca al yacimiento de Makhada-Albalat y finalmente se encarama bruscamente por las laderas de Miravete hasta alcanzar el Puerto antes de seguir su andadura hacia Jaraicejo y las tierras trujillanas.
Vista del itinerario que nos queda desde Las Mesillas (margen Sur de la Autovía A5). Llavamos 42 km desde la Casa del Venturro, en el límite con la provincia de Toledo. Al fondo, la Sierra, Puerto y Pico de Miravete. (Foto: Juan Carlos Moreno)






EL ITINERARIO:

Iniciamos el recorrido desde el campo de fútbol de Almaraz (en el enlace de nuestra ruta con el área de descanso La Laguna), tomando dirección al Sur, hacia la carretera N-V, a la que salimos a la altura de la puerta principal de las instalaciones de la Central Nuclear de Almaraz (CNA).


Croquis del GR Ruta de la Mesta, de la Red de Senderos de ARJABOR
(Autor: J.C. Moreno)
Atravesamos la calzada de acceso a CNA y continuamos a la derecha de la N-V por la Cañada Real entre pequeñas ondulaciones, ahora en dirección suroeste. Cuando llegamos al nudo de carreteras que provoca el cruce de la N-V con la Autovía de Extremadura A-5 giramos totalmente hacia el Oeste. Cruzando la carretera a Serrejón, buscamos un paso elevado de ganado por el que superamos la autovía, volviendo ahora en dirección Este al nudo de carreteras; ahora en el margen Sur.


El Tajo baja encajonado aguas arriba del Puente de Albalat. (Foto: Juan Carlos Moreno)

Cruzamos el antiguo trazado de la carretera Nacional V y al llegar a lo alto de una lometa la línea del Tajo nos ofrece una de las más bellas estampas de cuantas he podido conocer en Extremadura. Una panorámica que me ha cautivado tanto que siempre procuramos volver a disfrutar en cuanto regresamos al pueblo, aunque sea por pocos días. Bajamos por una acusada pendiente que nos conduce al Puente de Albalat (s. XVI, mandado construir por el Emperador Carlos I, auténtica joya del Renacimiento y testigo de numerosas batallas por su dominación), que sirve de paso a la N-V para salvar el Tajo, carretera a la que hemos salido de nuevo en la curva anterior.


Al llegar a la puerta sur del puente, abandonamos la calzada por la derecha, descendemos por la cañada hacia la orilla del río y seguimos su curso hasta el refugio de pescadores de la Junta de Extremadura. Un pasaje éste de auténtica belleza, que destila una calma especial y nos ofrece una espectacular perspectiva del histórico puente de Almaraz


Desde el puente de Almaraz vemos la orilla izquierda, que recorreremos aguas abajo del Tajo, hacia la afluencia del Tiétar
y el Parque Natural de Monfragüe, que se vislumbra al fondo. (Foto: Juan Carlos Moreno)

A lo largo de todo este tramo podemos observar en la orilla contraria las ruinas de Fort Ragusa, trincheras militares del s.XIX, levantadas por los franceses durante la Guerra de la Independencia, en la zona denominada El Fuerte. Frente a esta fortificación, de nuevo en la ribera izquierda pero fuera de nuestro alcance visual, se encuentran las ruinas de Fort Napoleón (s. XIX), construido en el Cerro del Tesoro igualmente por los franceses para dominar ambas orillas del puente.


El camino nos depara paisajes de gran belleza. (Foto: Juan Carlos Moreno)
Desde aquí ascendemos una vez más a la N-V para superar el arroyo Corrinches. Allí, cerca del embarcadero existente en su desembocadura al Tajo, se encuentran las ruinas de la Ermita de la Virgen de las Aguas (s. XVI, llegó a ser Rectoría del Concejo de Al-Balat). Y tras pasar el puente, volvemos a descender a la derecha para acercarnos a uno de los más importantes valores del patrimonio arqueológico del Campo Arañuelo: el yacimiento de Medina Albalat (s. X-XI, capital de la "Kora" o provincia militar musulmana de Albalat), hoy día afortunadamente en proceso de estudio y puesta en valor, cuyos detalles podemos consultar en la web oficial del Ayuntamiento de Romangordo.

Superados los restos arqueológicos de la ciudadela árabe, atravesamos el puente romano existente sobre la confluencia del arroyo del Frontal y la garganta La Canaleja y por enésima vez subimos a la N-V para cruzarla a la altura del antiguo Hotel Moya, ascendiendo por unos canchales y girando poco a poco al Sur hasta alcanzar un nuevo nudo de carreteras entre la N-V y la Autovía de Extremadura, que superamos por un paso de ganado inferior.
       
Al otro lado de la autovía, reculamos ligeramente hacia el noroeste hasta encontrar la N-V que, esta vez sin cruzarla, dejamos a la derecha para dirigirnos por la Cañada hacia la derecha durante algo más de 1.500 metros. Salvamos de nuevo la N-V y por el puente de la antigua carretera superamos el arroyo Giralda antes de volver a atravesar la N-V, de la que nos separamos definitivamente siguiendo en dirección Sur el curso de un afluente del arroyo Giralda que nace muy cerca del núcleo urbano de Casas de Miravete.

Un kilómetro más adelante, la Cañada atraviesa el citado arroyo y en una fuerte subida asciende hasta Casas de Miravete, localidad a la que se llega tras cruzar la carretera de enlace con la Autovía de Extremadura. Nada más entrar en la localidad nos encontramos con el Parque Municipal construido junto a la fuente del pueblo, que fue acondicionada como área de descanso de la Red de Senderos de ARJABOR.


Panorámica de Casas de Miravete desde las primeras rampas de la Cañada que
se encaraman a la Sierra, camino del puerto de Miravete. (Foto: Juan Carlos Moreno)
Casas de Miravete es una localidad que nos ofrece un interesante tipismo arquitectónico, que combina las edificaciones antiguas con las de nueva construcción manteniendo todo el sabor rural. Su iglesia está dedicada a Nuestra Señora de la AsunciónAtravesamos callejeando la población arañuela y retomamos la Cañada Real para afrontar el último tramo de una ruta que todavía nos ha de deparar magníficas sensaciones y emociones, inmersos ya en el área de influencia del Parque Natural de Monfragüe. Una fuerte rampa nos encarama en las laderas de la Sierra de Miravete, por la que ascendemos rápidamente en dirección S-SE hacia el Puerto de Miravete, al que llegamos tras cruzar la N-V a media subida. También nos encontramos la N-V justo en el Puerto, pero en esta ocasión la bordeamos hasta el merendero existente justo en el collado (ya en término municipal de Jaraicejo), junto a un edificio propiedad de la Junta de Extremadura y al puesto del Servicio de Ordenación Forestal.

Disfrutando de una magnífica y amplia panorámica sobre los llanos trujillanos al Sur y de las grandes extensiones arañuelas al Norte, con la Sierra de Gredos como fondo, tomamos ese aire limpio y nítido que caracteriza las tierras extremeñas y damos por finalizado el recorrido de los 54,5 kilómetros de Cañada Real Leonesa Occidental que discurren por la comarca de Campo Arañuelo.


A tener en cuenta a la hora de planificar la realización de la ruta...


Vista del Puerto desde el Pico de Miravete. Al fondo la Sierra del Frontal y a sus pis la dehesa del mismo nombre (Foto: Juan Carlos Moreno)
Esta parte de la Cañada se puede realizar sin problemas durante cualquier época del año, aunque el mayor esplendor lo encontraremos sin duda durante la primavera y el otoño. La única fuente que contempla el itinerario es la del Parque Municipal de Casas de Miravete, de buena y abundante agua, aunque el arroyo que nace en la misma puede servirnos de abastecimiento aguas abajo, antes de la dura subida a la localidad. Igualmente existe una fuente en el merendero existente en el Puerto de Miravete, aunque en su día un cartel indicaba que su agua no es potable (no he podido confirmar si continúa esta circunstancia).

Mi consejo es realizar siempre el recorrido en el mismo sentido que he descrito, empezando en Almaraz y terminando en el puerto de Miravete. Para ello, hay que tener en cuenta organizar el transporte para la vuelta. En sentido contrario, la caminata sería más cómoda, pero creo sinceramente que pierde mucho del encanto que tiene.

La vida crece en la Cañada (Foto: Juan Carlos Moreno)
A pesar de que el entorno del itinerario se encuentra bastante modificado por la acción urbanística (carreteras y sus servicios añadidos, como áreas de servicio y hostelería) y de que buena parte de la Cañada discurre muy cerca de la N-V (aunque apenas se ve y por la que circulan pocos vehículos) o de la Autovía de Extremadura, se trata de una ruta que ofrece destacados atractivos medioambientales. De especial interés paisajístico y faunístico son el tramo junto al río Tajo (extraordinaria belleza con avifauna muy variada y visible; de auténtico lujo); el valle previo a la subida a Casas de Miravete (con una importante carga bucólica, sobre todo en épocas frescas), y el recorrido por las laderas de la Sierra de Miravete (muy cerca de los límites del Parque Natural de Monfragüe, pero dentro del área calificada como Reserva de la Biosfera) con exuberantes roquedos y frondosos bosques, que en otoño ofrecen una combinación cromática de gran belleza.


Ganado vacuno con el que compartimos parte de la Cañada (Foto: J.C. Moreno)
Es frecuente contemplar el paso de diversas especies de aves sobrevolando la cañada, así como la presencia de ganado en las explotaciones colindantes a la ruta. Igualmente, mientras pasamos junto al río Tajo podemos disfrutar de numerosas especies de aves acuáticas que anidan en su entorno y, en función de la época, podríamos coincidir con el paso de ganado en trashumancia.
Un buitre luce altivo y paciente su silueta sobre nuestras cabezas (Foto: JC. Moreno)

Por último y como colofón a este cautivador recorrido por la Cañada Real en su paso por el Campo Arañuelo (en la Red de Senderos comarcal de ARJABOR es denominado como GR-2 Ruta de la Mesta, de los Campos Castellanos al Parque de Monfragüe), en nuestro caminar por la Sierra de Miravete disfrutaremos del altivo y señorial vuelo de las especies protegidas del Parque Natural de Monfragüe




Juan Carlos Moreno, a 15 de mayo de 2015.













miércoles, 6 de mayo de 2015

LA CUEVA DE CASTAÑAR, JOYA NATURAL DE LOS IBORES (artículo HOY.Navalmoral)

En 2014 las Cuevas de Castañar se reabrieron al público bajo un régimen de acceso muy controlado, que garantiza su buen estado de preservación.

Con motivo de esa reapertura, en junio de 2014 escribí un artículo en la edición impresa de HOY Navalmoral bajo el título "LA CUEVA DE CASTAÑAR, JOYA NATURAL DE LOS IBORES" .

viernes, 27 de marzo de 2015

DE NAVALMORAL DE LA MATA A ALMARAZ, BAJO LA MIRADA DE GREDOS Y EL CASTILLO DE BELVÍS

... CAMINANDO POR LA CAÑADA REAL DEL CAMPO ARAÑUELO (3) ...



En anteriores entregas dejé el recorrido de la Cañada Real a la altura de la Charca del Tejar o Charca Mayen para adentrarme en Navalmoral de la Mata, tras diecinueve kilómetros llaneros desde la Casa del Venturro, en el límite territorial con la provincia de Toledo.
Un rebaño de merinas a su paso por Navalmoral en 2001. Al fondo se descubren las nieves sobre Gredos. En primer plano Jesús Garzón, uno de los más destacados defensores y divulgador de la trashumancia y la Mesta. (Foto: Juan Carlos Moreno)
La capital Arañuela es un buen lugar para reponer fuerzas y hacer noche. Allí encontramos una variada oferta de alojamientos y restauración, para todos los bolsillos y gustos. Ahora no me voy a extender en el detalle, aunque quizás algún otro día le dedique un post al tema.
En 2000-2001 ARJABOR creó la Red de Senderos del Campo Arañuelo
               y señalizó la Cañada Real como Ruta de la Mesta. (Foto: Juan Carlos Moreno)


  Descansados y alimentados, vamos a emprender la segunda de las tres etapas en que he dividido el trazado de la Cañada Real Leonesa Occidental a su paso por la comarca del Campo Arañuelo. Los 18,5 km que nos acercarán a Almaraz debemos tomarlos como una transición entre las grandes dehesas arañuelas y el posterior y vertiginoso ascenso al puerto de Miravete, que os contaré con detalle en una siguiente entrega. 

Iniciamos el recorrido a la altura del cementerio de Navalmoral, en el enlace de la Cañada Real con la Colada del Camino de Las Lomas o camino de los Palos, tomando la Cañada en dirección oeste-suroeste. Tras cruzar la carretera a Jarandilla de la Vera (EX 119), hacia el norte parte la Colada del Camino de Carrasco, por el que discurre en dirección a Talayuela la denominada Ruta Norte de Guadalupe de la Red de Senderos de ARJABOR (del puente del Tiétar en el Pinar del Moreno hasta el Collado Llano, en Navalvillar de Ibor). Continuamos por la Cañada, atravesamos la vía del ferrocarril por paso a nivel sin barreras con buena visibilidad y salimos a la carretera N-V a la altura del Hospital comarcal "Campo Arañuelo", cruzando a su margen contraria.

La Cañada se aleja de Navalmoral por las ruinas del antiguo abastecimiento de aguas
            de la ciudad. A la derecha, el pozo de la Retuerta. (Foto: Juan Carlos Moreno)
Ahora el itinerario discurre paralelo a la citada N-V durante 3 kilómetros, primero a su izquierda (al Sur) y, una vez superadas las ruinas del antiguo abastecimiento de agua de Navalmoral (pozos de la Retuerta), por la margen contraria junto a la Dehesa del Espadañal.

Llegados al nudo de carreteras que forman la intersección de la N-V con la Autovía de Extremadura (A-5), la Autovía EX-A1 (Navalmoral-Plasencia-Moraleja-Monfortiño) y la carretera EX-108 a Plasencia (Km 24,8 de la ruta), la Cañada cruza esta última para abandonar el trazado de la N-V y continuar por el margen Norte de la Autovía de Extremadura durante otros 4 kilómetros, por una pista de rodadura, que después se convierte en camino asfaltado, al que tendremos que salir de manera esporádica en diversas ocasiones para superar arroyos, el canal de Valdecañas, o la propia maleza del cordel, aunque en líneas generales podemos aprovechar las sendas que por la Cañada permanecen abiertas. En este tramo pasamos junto a la Casa de los Frailes, la Casa del Cotillo, desde donde parte hacia la derecha la Vereda de Plasencia, y la Casa de Doroteo, llegando poco después a unas naves industriales y a la Estación Potabilizadora de Aguas de Saucedilla, frente al cambio de sentido del P.K. 189,5 de la Autovía de Extremadura, cuyo sentido abandonamos atravesándolo por un paso de ganado que existe a la altura del hotel Alonso de Monroy.

Camino de Almaraz. Al fondo las estribaciones del Parque Natural de Monfragüe.
                 A la derecha del cartel de la autovía se descubren los dos reactores de la Central Nuclear.
                (Foto: Juan Carlos Moreno)
A partir de aquí la Cañada se va separando progresivamente de la autovía en un trazado totalmente rectilíneo, junto al camino vecinal asfaltado que conduce en 4 kilómetros a Saucedilla, caminando entre campos de maíz y prados. A la altura de su cementerio, junto al Descansadero de Ganado, la Cañada gira hacia la izquierda, separándose de la carretera para ir a buscar rápidamente la carretera vecinal (CC-910) que une Almaraz con Saucedilla y Casatejada, cuyo trazado coincide con la Colada de SaucedillaAlcanzado este punto, nos encontramos de lleno en el Parque Ornitológico de Arrocampo-Saucedilla. Desde aquí podremos tomar dirección Norte para acercarnos a Saucedilla y a su área de descanso ubicada en el parque municipal (1.500 metros), o bien seguir hacia el Sur, tratando de utilizar los márgenes de la carretera, para alcanzar Almaraz en 2,5 km , previo paso por el embalse de Arrocampo, donde podemos aprovechar un tramo de camino a la derecha de la carretera. A mitad de camino, antes de salvar el embalse por el puente, tenemos uno de los cinco observatorios del Parque Ornitológico.

Al entrar a Almaraz, superado el cementerio, tomamos el primer desvío a la derecha y después un camino carretero también a la derecha y llegamos al campo de fútbol de esta localidad, punto final de la segunda etapa. Desde ahí, siguiendo la fachada de su Gol Sur, podemos acercarnos en 300 metros al área de descanso almaraceña (A.D. La Laguna).

A medio camino me cobijo del sol canicular bajo una oportuna higuera (Foto: J.C.Moreno) 
El tramo de la denominada Ruta de la Mesta (eje este-oeste de la Red de Senderos del Campo Arañuelo creada por ARJABOR a principios de nuevo siglo) que acabamos de recorrer, como ya anticipaba, nos ofrece atractivos limitados, aunque no se hace aburrido. Y el paso por el Parque Ornitológico hacia el final del itinerario es un aliciente muy recomendable.

El principal inconveniente de la etapa Navalmoral-Almaraz es que discurre durante gran parte del itinerario por o junto a vías de tráfico rodado, por lo que en diversas ocasiones y por diversas razones, se debe entrar brevemente en las vías asfaltadas. También resulta obligado indicar que el entorno en diversos puntos del itinerario se encuentra bastante deteriorado debido a la fuerte y agresiva acción urbanística; situación que podría paliarse mediante acciones de acondicionamiento y redireccionadoras.

Por otra parte, la falta de respeto al medio ambiente por parte de algunos simpáticos usuarios de la Cañada provoca que se generen focos de suciedad y vertidos incontrolados a lo largo de la vía, cuestión en la que las autoridades deberían ser vigilantes y exigentes, pero sobre todo los mismos individuos, que deberíamos ser mayorcitos y respetuosos por nosotros solos, sin necesidad de que nos tengan que controlar.

El buen cuidado del hortelano se ve recompensado con estas calabazas.
         (Foto: J.C.Moreno)
A pesar de los inconvenientes llegados con la modernidad, siempre es interesante recorrer esta importante vía pecuaria. Y resulta un placer poder hacerlo en su totalidad, disfrutando del calmo paisaje al norte de la cañada, especialmente al paso por la Dehesa del Espadañal, los regadíos de Saucedilla o el entorno del embalse de Arrocampo, con las imponentes cumbres de Gredos como telón de fondo. Y al Sur, presidiendo la llanura arañuela, con altiva vigía, el Castillo-Palacio de Belvís de Monroy recortando su señorial silueta en el cielo limpio y puro de estos lares.

A tener en cuenta a la hora de planificar la realización de la ruta...

Como cualquiera de los tres tramos de la Ruta de la Mesta, se puede realizar en cualquiera de los dos sentidos. Mi consejo es arrancar desde Navalmoral, para así poder entretenernos sin prisas en la contemplación y avistamiento de aves todo el tiempo que nos quede cuando lleguemos a las inmediaciones de Saucedilla y Arrocampo, ya muy cerca de nuestro final de etapa en Almaraz.

Ya expuse en mi anterior post que podemos realizar la ruta en cualquier época del año, aunque en verano resulta poco aconsejable, dada la fuerte insolación que se produce en el tránsito por la Cañada Real y la sequedad del terreno. En tal caso habría que aprovechar las primeras horas del día, cuando todavía se mantiene el ligero frescor que haya dejado la noche. No obstante, si se puede escoger es preferible programar la ruta sobre todo durante la primavera o el invierno, incluso en otoño, según la abundancia de lluvias.

Los cardos proliferan entre el pasto agostado de la cañada
               (Foto: Juan Carlos Moreno)
El itinerario no contempla fuentes en su recorrido (que yo conozca), aunque atraviesa varios arroyos que refrescan y amenizan el camino. Sí se contempla en los mapas la denominada Fuente del Caminero, frente al pozo de la Retuerta, pero al otro lado de la N-V y posiblemente en finca vallada. El pozo de la Retuerta, por su parte, no se halla en disposición de utilización, al menos según la observación visual.

Son frecuentes diversas especies de aves sobrevolando la Cañada, así como el ganado en las explotaciones en torno a su itinerario. Durante el paso del embalse de Arrocampo podemos disfrutar de numerosas especies de aves acuáticas que anidan en su entorno desde los diversos observatorios creados por el Parque Ornitológico de Arrocampo-Saucedilla. Igualmente y en función de la época, nuestro caminar puede coincidir con el paso de ganado en trashumancia.

A lo largo del recorrido se nos presentarán a la vista algunos elementos histórico-arquitectónicos de interés. El principal es el Castillo-Palacio de Belvís de Monroy (s. XIII al XVII), que desde su atalaya berroqueña preside los llanos del Arañuelo.

Al llegar a Saucedilla encontramos una coqueta fuente y la visión monumental de su Iglesia Parroquial de San Juan Bautista. (Foto: J.C.Moreno)
Llegando a Saucedilla destaca la Iglesia parroquial de San Juan Baustista (s. XVI, barroco-renacentista), así como el Rollo Jurisdiccional. En las primeras visiones de Almaraz, a la izquierda podemos contemplar el Torreón, enseña del señorío de la localidad de finales del s. XIV o principios del XV. En esta localidad, es también destacable la Iglesia de San Andrés (s. XVI) y su retablo barroco (s. XVIII).

Por último, indicar que desde este tramo de la Cañada y dentro de la Red de Senderos del Campo Arañuelo, parten tres subtramos que enlazan con las localidades de Saucedilla (1,5 km), Casatejada (5,5 km) y Millanes de la Mata (3,2 km). 


Juan Carlos Moreno, a 27-3-15